Historias de guardarropa. Cuentos

 


Dentro de un guardarropa femenino pueden estar a salvo esas experiencias inolvidables que ni siquiera las fotografías logran capturar del todo, los elementos precisos para cambiar el estado de ánimo e impulsar la promesa de nuevos sueños. A la hora de conquistar el mundo, basta recorrer los estantes, abrir uno tras otros los cajones para dar con ese vestido, abrigo, camisa, traje o pollera tan especiales que ayudarán a inclinar la balanza a nuestro favor.

En estos cuentos, escritos por doce prestigiosas autoras de habla hispana, las prendas no son en absoluto inocentes o neutras. Son mucho más que una simple nota de color o un detalle, pues determinan el devenir de las historias y el destino de las protagonistas y los personajes. Una pieza de encaje o un pañuelo de seda pueden definir el porvenir de una relación. Se puede cambiar la identidad a partir  de usar el traje de otro o abismarse en un amor platónico con solo acariciar la manga de un saco masculino. Y alcanza un simple hilo de color sobre una camisa blanca para delatar una infidelidad o apostar a un rojo brillante para dar lugar a una nueva etapa de la vida.

Porque, aunque no sean transparentes, cada prenda de vestir revela el corazón de su dueña y, como una segunda piel, es la extereorización de su mundo interno.

Esta antología reúne relatos de Ana María Bovo, Ana María Shua, Ángeles Mstretta, Emilia Pardo Bazán, Luisa Valenzuela, Inés Fernández Moreno, Ana Gloria Moya, Alfonsina Storni, Pilar Mañas, Esther Cross, Carmen Cecilia Suárez y Mercedes Vigil.

 

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PRÓLOGO: NUESTRO GUARDARROPA, NUESTRO MUNDO…

En el tercer estante, detrás de todo, guardamos el irrepetible saquito blanco, casi pegado al cuerpo, insinuante, con pequeños botones de nácar. Aunque resulte imperceptible para cualquier otra persona, sabemos que en él han quedado cautivas las horas de una noche de abrazos, alegrías y besos. Tal vez nunca lo volvamos a usar, pero ahí se queda. No lo regalamos. Lo retenemos. ¿Cómo no conservarlo? Si está aún impecable… Pusimos mucho esmero para que el tiempo no lo volviera amarillento, para que no perdiera esa mezcla de aromas inolvidables. ¿Hace falta explicar que es mucho más que una simple prenda de vestir, que es parte de nuestra historia?

El tiempo, el acontecer de nuestra vida lo han vuelto mucho más valioso, tanto que no lo venderíamos aunque nos ofrecieran todo el oro del mundo. Hay cosas innegociables. Esa prenda puede estar vinculada a un comienzo o, por el contrario, a una despedida. A una gran fiesta o a un día cualquiera que en nuestra memoria tomó la forma de lo inefable. Mucho más que en las fotografías, lo que vivimos queda a salvo, resguardado, en el entramado de una tela, en la mota de una costura, en la permanencia de un color… Prendido para la eternidad en el bordado o en la liviana puntilla de un vestido, en el ruedo irregular de una falda, dentro del bolsillo de un pantalón, en la calidez de un abrigo.

Debajo de las prendas que usamos a diario puede sobrevivir, un poquito sofocada, esa mantilla negra, con grandes ondas, que fue de una abuela o bisabuela y que se convirtió en el complemento ideal, soñado, de ese vestido largo y tan hermoso de terciopelo que adoramos y por el que, si fuera necesario, nos batiríamos a duelo. Y en el cajón donde guardamos las medias, ahí aparecen las que compramos hace mucho, durante un viaje. Entonces, sin querer, recordamos lo lindas que nos veíamos con esa minifalda a cuadros. ¿Por qué no volver a lucir otra vez nuestras piernas? Ese tesoro, tan bien guardado, nos invita a volvernos más audaces. Bendito sea el descubrimiento… ¡Nos ha cambiado el humor y el día!

Colgado de una percha permanece inmutable aquel traje que repara una promesa no cumplida, esa chalina que usamos la última Navidad con el vestido floreado y hoy reflota la ilusión de los preparativos de diciembre o el tapado que nos convoca a salir de paseo, desafiando el frío… Y entusiasmadas con los hallazgos, como si fuera un juego que nos arrastra y nos hace olvidar por un momento de todas nuestras obligaciones, nos lanzamos a la búsqueda de esa remera que le pedimos prestada el año pasado a alguna prima, a una amiga o a una hermana, y que nos cuidamos muy bien de no devolverle.

Recorremos las diversas texturas —algunas suaves y uniformes, otras más rugosas— de las lanillas y gabardinas, los algodones y las fibras sintéticas, los encajes y los tules, las sedas y las gasas… Son ventanas hacia nuestros sentidos, un crucero veloz hacia el pasado y un ancla segura en nuestro presente. Detonantes de imágenes y reminiscencias, siempre asociadas a sentimientos y emociones que despiertan una sonrisa o permiten que dejemos escapar algunas lágrimas.

Nuestro guardarropa… Esa caja de sorpresas y de recuerdos que nos representa y dice mucho de nosotras, de nuestras experiencias. Esa suerte de álbum tridimensional, de catálogo de nuestros gustos a lo largo del tiempo. Guardián de las ilusiones que se desatan cada vez que nos compramos o nos regalan algo para ponernos. Espantapájaros de despedidas, abandonos, y tristezas. Extraordinario alborotador de riesgos y desafíos. Al abrir cada día nuestro guardarropa, se instalan nuevos rituales y vuelven a desatarse atemporales fantasías, nuestros deseos. En nuestro guardarropa está todo lo que necesitamos para transformarnos, para revertir el mal humor, para cambiar de piel cuando amerita. Y si no está, buen pretexto para salir a comprarlo…

Mujeres al fin, dotadas además del don de la palabra y de la magia necesaria para crear otros mundos, doce escritoras de habla hispana nos regalan hoy doce historias en las que alguna prenda es detonante de una trasmutación, de una escena persistente, de un cambio de dirección, de un sobresalto. Sacos, vestidos, pantalones, trajes, chalecos, pañuelos, camisas, gorros, corbatas, ropa interior, caperuzas… En todos, alguna o varias prendas marcan la diferencia; ayudan a dibujar el destino de los personajes y, sobre todo, de estas protagonistas que, como nosotras, cuando eligen qué ponerse hacen algo más que vestirse: reafirman su identidad, salen a conquistar el mundo y, contra viento y marea, le hacen frente a la vida.

 

Historias de guardarropa. Cuentos (sel., ed. y pról. Graciela Gliemmo), Buenos Aires, Planeta, 2010.

 

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NOTAS Y RESEÑAS

«Ropa que habla», en La Nación, Buenos Aires, 15 de octubre de 2010: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/ropa-que-habla-nid1314975/

Vilma Pron, «Un soplo de lectura»https://www.ivoox.com/nuestro-guardarropa-nuestro-mundo-graciela-gliemmo-audios-mp3_rf_70499190_1.html

 


 

 

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