Gabriel García Márquez: crónicas y relatos testimoniales
Se trata, en primer término, de una lectura selectiva, que parte de la consideración de dos prácticas de escritura disímiles, aparentemente irreconciliables; esto lleva a establecer una división tajante entre escritura periodística y escritura ficcional. El motivo de esta separación no obedece, en realidad, a una diversidad de prácticas ni de productos, sino a una jerarquización establecida por el lector crítico. Esto, obviamente, pone en evidencia el funcionamiento de un sistema de valores que da lugar a dos categorías: la novela, que sería el producto «en serio», aquel que permite llamar «escritor» a quien la concibe, y los relatos periodísticos, de corte testimonial, basados en una experiencia inmediata, publicados en forma rápida y que otorgan al autor la cualidad, el oficio de «periodista». Por otra parte, seguramente Gilard aborda estas dos prácticas desde una mirada genética y, por lo mismo, cronológica: primero García Márquez es periodista y luego se anima a ser escritor. El periodista no es escritor y viceversa.
Este planteo se desmorona al pensar la producción de muchos escritores, incluido en la lista Gabriel García Márquez. Piénsese, por ejemplo, en los casos de Rodolfo Walsh, Carlos Monsiváis, Tomás Eloy Martínez, Héctor Aguilar Camín, entre muchos otros. En las últimas décadas, en América Latina se estableció un fuerte vínculo con el nuevo periodisno norteamericano.Si leemos en conjunto la producción escrita de García Márquez, sin establecer primacías, y si se tienen en cuenta, incluso, las preocupaciones que el propio autor manifiesta a través de entrevistas, artículos, prólogos y epílogos, ambas producciones coinciden, se ligan, se iluminan porque son las dos caras de una misma moneda.
La escritura periodística, en especial aquella que se asocia con la labor del reportero, ejerce una fascinación constante sobre García Márquez. Esta actividad, que tiene como inicio más audible Relato de un náufrago, publicado en 1955 por entregas en El Espectador, reaparece en Noticia de un secuestro (1996), del cual sería difícil sostener, a estas alturas de su consagración, que se trata de un nuevo laboratorio en el que su autor ensaya la fórmula para su futura empresa. Noticia de un secuestro aparece exhibido, por igual, en las librerías y en los supermercados, junto a El amor en los tiempos del cólera, Cien años de soledad, Doce cuentos peregrinos y otros títulos del autor costeño.
Es difícil abstraer la producción de García Márquez del fenómeno editorial que aún suscita. Noticia de un secuestro apareció anunciado en las librerías de Buenos Aires, con bastante anticipación, bajo el siguiente mensaje publicitario: «Reserve ya su ejemplar». Cada libro —crónica, testimonio, cuentos o novela— convoca a un público lector, en general más bien fervoroso que especializado, dispuesto a seguirlo en su trayectoria y leerlo, independientemente del género al que se adscriba.
Me gustaría volver al conjunto que conforman los tres tomos de Obra periodística, Notas de prensa (1980-1984) y, en especial, Relato de un náufrago, La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile y Noticia de un secuestro, recortados con una intención muy precisa del resto de su producción narrativa, porque en todos ellos hay elementos y enfoques homólogos, de cohesión, que remiten al resto de sus narraciones.[2]En el caso de su Obra periodística, se trata de compilaciones de crónicas sobre Colombia, América o sus viajes por Europa y los países de la «Cortina de Hierro», surgidas, tal como el género lo pide, de observaciones directas del autor sobre sucesos y personajes contemporáneos, de actualidad. Este cuantioso material se ha ordenado en sucesivos tomos, a partir de los medios de prensa en los que fue publicado y siguiendo una rigurosa cronología. Obra periodística I. Textos costeños reúne las crónicas publicadas en El Universal de Cartagena y El Heraldo de Barranquilla (1948-1952); Obra periodística II. Entre cachacos agrupa los textos de El Espectador de Bogotá (1954-1955) y Obra periodística III. De Europa y de América recoge las crónicas que escribe como corresponsal de ese mismo diario en diversas ciudades europeas entre 1955 y 1960, e incluye De viaje por los países socialistas, que ya se había publicado en 1978 como compilación de las crónicas editadas en las revistas Cromos de Colombia y Momento de Venezuela.
Cabe aclarar que no es García Márquez quien compila estas ediciones, sino Jacques Gilard. Es interesante que los tres tomos van acompañados de apéndices en los que se incluye, en cada caso, un conjunto de textos atribuibles a García Márquez, algunos no recogidos en ediciones anteriores.La particularidad del volumen Obra periodística III con respecto a los dos primeros, que toman dos áreas culturales colombianas bien diferenciadas —la costeña, que remite al Caribe, y la cachaca, que se concentra en Bogotá—, es que aquí García Márquez describe y narra para sus compatriotas las costumbres y sucesos de actualidad de muchos países europeos e invierte los parámetros de los cronistas de Indias: Ginebra, París o Roma, por ejemplo, le recuerda a Manizales y un europeo puede vestirse como un habitante de Barranquilla. Las crónicas exhiben un profundo poder de observación, la incorporación de detalles mínimos que permiten la reconstrucción de ambientes y personajes, y una actitud antisolemne con la cual consigue bajar del pedestal a muchas de las figuras de la época, delinear los entretelones de los grandes acontecimientos, integrar el azar como factor importante y desnudar las paradojas de la historia con humor e ironía.
Algunas, como la que lleva el título general de «El escándalo del siglo», acerca de la muerte de Wilma Montesi, sigue el ritmo de las crónicas policiales. Publicada por entregas —a medida que se van incorporando detalles, resolviendo enigmas y sumándose nuevos interrogantes en la develación del caso—, García Márquez muestra un claro interés por conducir y capturar al lector en el desarrollo de la materia narrada. Interrumpiendo el avance de esta crónica y, a la vez, dándole una fuerte cohesión, García Márquez no deja de guiar al lector oportunamente con un fragmento escrito al que titula, en diferentes momentos de la reconstrucción, «El lector debe recordar». Con estos raccontos sintéticos, el escritor salva las distancias temporales entre una y otra entrega, y captura tanto al lector distraído como al desinformado, que desconozca la crónica anterior a la que está leyendo. (Obra periodística III, pp. 131-182)A pesar de que entre estos artículos periodísticos hay algunas ideas sobre la literatura —reflexiones sobre la autobiografía a partir de las memorias de guerra de Charles De Gaulle, un despiadado balance sobre la literatura colombiana y el tema de la violencia en la novelística de su país—, es en realidad en Notas de prensa (1980-1984) donde García Márquez deja traslucir que los veinte años que han pasado no han sido en vano. De periodista mimado a narrador superestrella, con muchos libros consagrados y reeditados sucesivamente, traducidos a varios idiomas, García Márquez ya no reflexiona únicamente sobre la actualidad y el destino del mundo, como lo había hecho entre 1948 y 1960. Su tarea como escritor, sus novelas y relatos, sus lecturas preferidas, su mundo como novelista se convierten en los temas principales de estas notas que aparecen, esté donde esté, cada semana.
En ellas el lector encuentra más definiciones y reflexiones que en muchas de las entrevistas que ha concedido. García Márquez escribe como periodista sobre García Márquez escritor. Parodia en los títulos de las notas algunos títulos de sus obras («La cándida Eréndida y su abuela Irene Papas», «Crónica de mi muerte anunciada»), nos relata aquellos cuentos que por una u otra razón nunca escribió («El mar de mis cuentos perdidos»), se permite criticar los mecanismos del Premio Nobel y desentrañar algunos de sus secretos. Sus inquietudes vuelven una y otra vez al tema de la lengua, enfocado en el uso particular de ciertos términos y en los alcances de los diccionarios como instrumentos indispensables de consulta («La mujer que escribió un diccionario», «Un diccionario de la vida real», «La vaina de los diccionarios»).También dedica buena parte de sus notas a analizar críticamente la labor del periodismo en la sociedad. En «¿Qué hay de malo en la mala prensa?», «Con amor, desde el mejor oficio del mundo», «La realidad manipulada», «¿Una entrevista? No, gracias», explicita su ideal de trabajo como reportero y juzga la falta de ética de algunos colegas que inventan noticias, entrevistas, personajes. En este sentido, García Márquez establece una línea divisoria, para él fundamental, entre periodismo y literatura: «Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas». (Notas de prensa, p. 97)
Los cuatro libros rescatan un material que se hubiera perdido en el olvido y entre el polvo de los archivos. Ocupando originalmente, a lo sumo, dos páginas del diario, una columna o una parte mínima de alguna revista de actualidad, al publicarse en conjunto muestran no solo los gustos y las obsesiones de su autor sino, además, las destrezas que el trabajo en el periodismo le permitió consolidar. Como ha ocurrido con muchos periodistas y escritores norteamericanos, es difícil separar en este caso ambas profesiones.
Relato de un náufrago, La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile y Noticia de un secuestro tienen como ejercicio fundante una entrevista de la que nacen uno o más relatos de protagonistas y testigos de las historias a desarrollar. La función que asume la escritura es la de reorganizar todo ese primer material y volver a contar una historia muchas veces contada por un testimoniante protagónico. El rol del escritor como responsable final del relato, que lo habilita como autor del mismo y no como un simple mediador, es, para García Márquez, innegociable. En las palabras introductorias de La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile —la «Presentación» y la «Nota al lector» preceden las páginas numeradas del relato—, García Márquez explicita:García Márquez insiste en precisar la labor del reportero, que remite de manera incondicional a diversas instancias: 1) la realización de la entrevista, la grabación o toma de notas de las experiencias de los protagonistas; 2) una investigación para cotejar y unificar versiones, incrementar informaciones y 3) la refundición de todo el material a través de un ejercicio de escritura que solo puede estar a su cargo. La primera persona que narra tanto en Relato de un náufrago como en La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile es uno de los tantos recursos de ficcionalización del autor, que no reproduce el estilo del primer narrador original del relato, sino que asimila el nuevo acontecimiento dentro de su propio estilo y poética de escritura.
Teniendo en cuenta la poética del realismo mágico que produce tantas narraciones de la mano de García Márquez, no es casual que todos estos testimonios arrojen la idea de basarse en episodios increíbles, poco verosímiles o absurdos. Esa condición de los acontecimientos elegidos —el salirse de lo que se considerarían como los cauces «normales», «posibles» o «comunes» de la realidad— posibilita que sean detonantes de escritura. Obsérvense al respecto los siguientes pasajes:La entrevista, a pesar de dejar algunas huellas —es el caso de las marcas metatextuales o los escasos fragmentos de diálogos— desaparece en la ficcionalización de una voz que conduce el relato. García Márquez argumenta esta decisión a partir de su preocupación por conseguir que sus narraciones sean verosímiles. En El olor de la guayaba, Plinio Apuleyo Mendoza le pregunta por qué le da tan poco lugar a los diálogos, a lo que su amigo le reponde:
El relato testimonial —al que García Márquez insiste en llamar «reportaje»— se constituye esencialmente en la reconstrucción periodística que el reportero realiza sobre la cuestión que le interesa. Importa señalar en este caso dos conceptos: se trata de relatos que participan de la combinación experiencia/escritura, lo que lleva a definirlos como «reconstrucciones», y del despliegue de historias narradas de manera tal que se exhiban al lector como reconstituciones. De ahí que el juego con una línea argumental fuerte, la apelación constante al referente, el despliegue de conflictos y resoluciones en la narración de estas historias, la intriga para resolverlas sea de total peso. El efecto que se crea es el de ir armando el acontecimiento a medida que se construye el relato.
La labor de escritura, posterior a la reunión de los relatos de los protagonistas, la lectura y selección de informaciones recogidas en diarios y toma de notas definen las múltiples versiones de los acontecimientos que atraviesan estos testimonios: el porqué de un naufragio, la burla a la dictadura pinochetista, el secuestro de un grupo de periodistas por los extraditables. Del relato casual, espontáneo, errático, variable, se pasa a un relato que precisa una posición frente a los sucesos a los que les da forma y que vuelve públicos. Públicos para ser conocidos y públicos para ser rebatidos.
Entre el 5 y el 22 de abril de 1955, García Márquez publica en El Espectador, en catorce entregas, el testimonio del joven Alejandro Velasco, el único sobreviviente del destructor «Caldas», que desaparece en febrero del mismo año, aparentemente debido a una tormenta en el mar Caribe. García Márquez lo entrevista y escribe su primer relato testimonial, en el que juega a reproducir la voz del protagonista, quien aparece con su firma como el autor del testimonio. Se desmiente la versión original y se revela que la causa verdadera del naufragio se debió al sobrepeso del contrabando transportado.A principios de 1970, García Márquez publica los catorce artículos con el título de Relato de un náufrago, por el cual asume públicamente su autoría. No recoge tres notas en las que describe la desesperación de la familia de Velasco, que lo cree muerto, y el regreso heroico del marinero. En «El náufrago sobreviviente pasó los once días en una frágil balsa» (12/3/55), «Oficina de información exclusiva para el náufrago crea la marina» (24/3/55) y «La explicación de una odisea en el mar» (30/3/55) encara anecdóticamente este suceso y promete una investigación que devele tal cantidad de misterios. Una semana después de la última entrega, mucho antes de llegar a convertirse en libro, el diario publicó el relato completo en un suplemento especial, ilustrado con algunas de las fotos compradas a los marineros. Tras eso, García Márquez inicia en París su ininterrumpido exilio. Desde ese momento no permanecerá sino temporariamente en Colombia.
Es central en estos textos testimoniales y también en las crónicas periodísticas de García Márquez —del mismo modo que ocurre con sus novelas y cuentos— el lugar narrativo que se les asigna a los personajes. La excepcionalidad de ciertos sucesos, la importancia coyuntural o representativa del acontecimiento suscitan el protagonismo de figuras que rompen con el ritmo habitual de sus vidas. Incluso en las crónicas, ciertos elementos y personajes se convierten en protagónicos por el tipo de enfoque que el narrador hace de ellos. La condición de «fuera de lo común» no está solo dada en la realidad, no es un rasgo únicamente definitorio de la historia, sino que pasa a ser un efecto en la reactualización que García Márquez —cronista o reportero— hace de aquello que trata.Relato de un náufrago y La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile, por las condiciones y características históricas de las que ambas situaciones surgen, presentan una concentración narrativa que tiene como núcleo a personajes únicos. En cambio, Noticia de un secuestro se construye mediante la multiplicidad de personajes a los que el narrador va presentando y enlazando entre sí para lograr la reconstrucción del secuestro de varios periodistas y figuras con peso político en Colombia, la lucha entre los narcotraficantes y la policía, la posición inconmovible de César Gaviria, la discusión nacional acerca de la extradición, la entrega, fuga y muerte de Pablo Escobar Gaviria. Este narrador, particularmente, despliega diferentes aspectos de un mismo problema nacional enfocando las situaciones desde diversos protagonistas.
Tal como ocurre con las novelas y las crónicas de García Márquez, en este último libro el protagonismo efectivo se concentra en la figura del narrador, que se impone en el destino final de la historia. El narrador imprime un tono y un ritmo que mantienen el suspenso de lo que se narra, mostrando a veces sus fuentes y jugando a despistar sobre desenlaces ya conocidos, o anunciando retazos del final. Se trata de un narrador que va tejiendo la historia total a través del despliegue y el cruce entre diversas historias personales. García Márquez crea un narrador que escucha, investiga, se interroga y, fundamentalmente, reconecta datos sueltos, llena vacíos e interpreta. No está ausente el toque que aporta el elemento sobrenatural y religioso a través de la descripción de objetos, prácticas culturales tales como la adoración al Divino Niño, y creencias personales, entre las que se incluye la astrología.
En Noticia de un secuestro, la concentración temporal, la limitación del conflicto de cada historia se resuelve a través de narraciones lineales que tienen como final narrativo la conclusión con un cierre tradicional que no deja demasiados interrogantes en suspenso, sino más bien la tranquilidad que da la refundición de todos los elementos. García Márquez no deja cabos sueltos: no solo los personajes caen bajo la mira minuciosa del narrador, sino también espacios, objetos, intereses. Un claro ejemplo de esto es el lugar que adquiere en la narración el anillo de diamantes de Maruja Pachón. Los secuestradores se lo sustraen el mismo día del secuestro y se lo reintegran bastante después de dejarla en libertad. Este detalle se presenta en las primeras páginas del relato y reaparece inesperadamente hacia el cierre del mismo.
El lector se desliza por las historias de García Márquez sin sobresaltos. Las marcas temporales van conduciendo el desarrollo narrativo que necesariamente juega a concentrarse y desplegarse. También se concentra en estas crónicas y relatos testimoniales el objetivo, el tema narrativo.
La univocidad del recuerdo —rasgo que diferencia al género testimonial de las autobiografías y las memorias con las que podría confundírselo— cohesiona en el caso de Noticia de un secuestro la pluralidad de puntos de vista que le permiten al narrador tomar alternadamente a diversos actores del conflicto —los secuestrados, los familiares, los representantes del poder, los secuestradores, los capos del narcotráfico, las familias de los narcotraficantes, la policía— y presentar, además, todo un abanico de conductas humanas.
En este sentido, a diferencia de otros testimonios como los de Walsh o Poniatowska, e incluso de manera disímil de lo que ocurre con Relato de un náufrago y La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile, en Noticia de un secuestro el narrador juega con puntos de vista absolutamente distintos. Sin perder de vista a los secuestrados, la narración incluye tanto la lógica de los secuestradores como la del poder, en ese momento representado por el flamante presidente César Gaviria.
La dimensión de cada acontecimiento da lugar a dos elementos que son constantes en la obra de García Márquez: el contraste a veces difuso entre héroes y antihéroes, a partir de la creación de situaciones heroicas y antiheroicas —que acercan modos que, desde el estereotipo, funcionan como disímiles al actuar y al vivir la historia—, y la exigencia, a la hora de reconstruir y ficcionalizar, de que la historia tenga validez no por su cualidad de verdadera —preocupación de los autores de testimonios—, sino por ser creíble. García Márquez pone en boca de sus protagonistas o de su narrador frases que atribuyen la cualidad de inverosímil a la realidad, no al relato. Si hay algo que resulta increíble es lo que acontece, jamás puede ser lo que se narra. A diferencia de muchos otros autores de testimonios, García Márquez privilegia la eficacia de la narración, la necesidad de que resulte creíble y no verdadera.
Las ideas expuestas en «Fantasía y creación en el Caribe» son homólogas a las expuestas en El olor de la guayaba, en «La historia de esta historia» de Relato de un náufrago, en frases sueltas de Noticia de un secuestro. La cuestión de la verdad se define inicialmente, en la labor de cotejo de versiones e investigación, durante una etapa previa a la escritura. Cuando la posibilidad del relato surge, el narrador opera con las voces y las experiencias de los protagonistas y testigos, y vuelve verosímil una historia que desde algún lugar se presenta como fuera de lo común, como difícil de digerir, por lo absurda o desmesurada. Dice García Márquez en El olor de la guayaba:
El periodismo me enseñó recursos para dar validez a mis historias. Ponerle sábanas (sábanas blancas) a Remedios la bella para hacerla subir al cielo, o darle una taza chocolate (de chocolate y no de otra bebida) al padre Nicanor Reina antes de que se eleve diez centímetros del suelo, son recursos o precisiones de periodista, muy útiles. (p. 44)
Y en Relato de un náufrago:
En 20 sesiones de seis horas diarias, durante las cuales tomaba notas y soltaba preguntas tramposas para detectar sus contradicciones, logramos reconstruir un relato compacto y verídico de sus diez días en el mar. Era tan minucioso y apasionante, que mi único problema literario sería conseguir que el lector lo creyera. (p. 9)
En un episodio de Noticia de un secuestro, que tiene como protagonista a Mariza Montoya, se lee:
La mayorista, alarmada por su postración, le dio un analgésico para el dolor de cabeza, le aconsejó no pensar en cosas tristes y, sobre todo, no sufrir por problemas ajenos. Ni la una ni la otra se darían cuenta hasta una semana después de que habían vivido un episodio inverosímil. Pues la mayorista era Marta de Pérez, la esposa de Luis Guillermo Pérez, el hijo de Marina. (p. 150)
Allí surge la maquinaria de García Márquez: el manejo de diferentes personajes que se van cruzando hasta mostrar que las casualidades no existen, la profusión pormenorizada de detalles, la ausencia casi total de diálogos, el monopolio de una voz narrativa que suelda los posibles quiebres y ata los cabos sueltos, y una muy poderosa centralizalidad del tiempo, del espacio y del tema.
En la producción escrita de Gabriel García Márquez, más allá de las particularidades genéricas y de las múltiples combinaciones que se dan en cada texto, hay una idea recurrente, obsesiva: la realidad supera a la fantasía y la narración no es sino una concentración reducida de aquello que ha ocurrido. En el caso específico de Relato de un náufrago, La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile y Noticia de un secuestro, la memoria y el lenguaje originan el primer filtro, que tiene lugar entre los sucesos y el relato oral. Entre el testimonio que brindan los protagonistas y la escritura de García Márquez se da el segundo salto abismal. Las frases finales de Noticia de un secuestro, cuando Maruja recupera su anillo de diamantes, vuelven sobre esta idea:
Ella no podía creerlo. Se lo puso, y se dio cuenta de que estaba recobrando salud a toda prisa, pues ya le venía bien al dedo.
—¡Qué barbaridad! —suspiró aliviada—. Todo esto ha sido como para escribir un libro. (p. 336)
NOTAS
[1] Gabriel García Márquez: Obra periodística I. Textos costeños, Buenos Aires, Sudamericana, 1993; Obra periodística II. Entre cachacos, Buenos Aires, Sudamericana, 1995; Obra periodística III. De Europa y de América, Buenos Aires, Sudamericana, 1997.
[2] Gabriel García Márquez: Notas de prensa (1980-1984), Buenos Aires, Sudamericana, 1992; Relato de un náufrago, Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1987; La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile, La Habana, Editora Política, 1986; Noticia de un secuestro, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1996.
[3] Plinio Apuleyo Mendoza: El olor de la guayaba. Conversaciones con Gabriel García Márquez, Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1982, p. 45.
Ensayo corregido para este blog; publicado en Las maravillas de lo real. Literatura Latinoamericana (comp. Noé Jitrik), Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 2000.

