Alfredo Bryce Echenique: La última mudanza de Felipe Carrillo

 


Un narrador que sentencia desde un epígrafe «Nadie puede huir de lo que ha de venir» explicita la fijeza de la historia que ha de narrar. Y podría leerse La última mudanza de Felipe Carrillo como un tironeo entre la voluntad por escapar de lo escrito y la aceptación de lo irreversible. Mudar de casas, mujeres y ciudades se convierte en un pretexto para esconder, debajo de una novela de aventuras, un texto tejido sobre la melancolía por el espacio primero, aquel donde se nace. Este Felipe «costeño y tristón» seguirá con su deseo de regresar al Perú, espacio recordado con esperanza, pero se quedará en París, en lo que promete ser su último refugio.

Delineando a este narrador-protagonista, la escritura paródica desmantela los lugares comunes del lenguaje, la literatura, el cine, las telenovelas, las series y las letras de boleros y tangos. Aunque —como es obvio— la música no suene en estas páginas, el ritmo de la novela empieza con acordes rápidos, saltos sucesivos, incansables hasta terminar en la morosidad y reposo de un bolero. El personaje se va aquietando, se asienta en su departamento y se deja invadir por la reflexión y la nostalgia.

Como el Tristram Shandy de Laurence Sterne, hay entrelazadas muchísimas digresiones sobre la cultura, las costumbres, la vida. Se incorporan además diferentes personajes a las situaciones de autodescubrimiento: Liliane, Genoveva, Eusebia, Sebastián, Andrés Zamudio, Catherine se vuelven inconfundibles en las descripciones. Todo un sistema de referencias crea una novela que es permeable a los narradores latinoamericanos —Cortázár, Rulfo, Alegría, Arguedas, Palma, Monterroso— así como europeos y norteamericanos. En el mismo nivel se entrecruzan Esta tarde vi llover de Armando Manzanero y Cambalache de Discépolo. La tristeza por lo que no está y la mezcla de elementos que parecen anunciar la pérdida definitiva y la confusión del mundo se desarticulan por el trabajo corrosivo del humor. Cae el melodrama a pesar de que la risa no llega a tapar del todo la infelicidad.

No en vano Felipe Carrillo es arquitecto: monta maquetas, idea y alza nuevos edificios, puede soñar con un lugar mejor. El relieve de una escritura que funde formas populares, citas literarias, la autorreflexión de la novela, la inclusión del lector, la caricatura del escritor «junior», posterior al boom, no dejan de ser un claro homenaje a la narración, a la palabra como constructora de una realidad alternativa. 

 

Novela. 
Alfredo Bryce Echenique: La última mudanza de Felipe Carrillo.
Buenos Aires, Sudamericana, 1990, 216 páginas.

 

Reseña publicada con el título «Memoria y desarraigo», en Cultura y Nación de Clarín, Buenos Aires, jueves 8 de noviembre de 1990.

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